Jorge O´Ryan, exalumno Derecho UC, asume como director de la Academia Diplomática: “Trabajaremos para que sea una plataforma que proyecte la política exterior de Chile”

13 de Julio 2026

El histórico dirigente del Club Deportivo UC adelanta que buscará “modernizar” la Academia. En esta entrevista, además, repasa su trayectoria, desafíos y aprendizajes que ha tenido como abogado en caminos profesionales tan distintos como director de ProChile, asesor de empresas y diplomático. Asimismo, relata una de las experiencias que más lo marcó: su rol como asesor del embajador James Holger en la Unión Soviética, en el marco del caso Honecker, y sus negociaciones con los rusos y alemanes. “Fue una experiencia profesional enorme, de esas que marcan una carrera y que me enseñaron mucho sobre negociación, diplomacia de alto nivel y el peso de la historia sobre las decisiones concretas. Es una historia que algún día espero contar con más detalle en un libro”, dice.

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Es conocido como el cerebro detrás de la creación de Cruzados, la Sociedad Anónima Deportiva Profesional que comenzó en 2009 a administrar el Club Deportivo Universidad Católica, y como histórico expresidente del club por casi una década, pero la trayectoria profesional de Jorge O´Ryan ha estado ligada a una variedad de roles.

Vinculado públicamente al deporte -también como exbasquetbolista-, ha desarrollado una multifacética labor que ahora lo ha llevado a un nuevo desafío: a partir de este mes, O´Ryan -abogado y exalumno de Derecho UC- asumió como director de la Academia Diplomática Andrés Bello, institución en la que también se formó.

Hasta ese lugar ha llegado precedido de una exitosa trayectoria como abogado, empresario, diplomático y embajador, un camino laboral variado y que ha servido de ejemplo para numerosos egresados de la carrera de Derecho que buscan distintos horizontes profesionales. Ha sido también embajador de Chile en Alemania; director general de ProChile; director de Desarrollo Internacional del Centro de Innovación UC Anacleto Angelini; profesor de Derecho Internacional Público en nuestra Facultad; profesor de la Escuela de Administración UC; y director y asesor de empresas.

En esta entrevista, conversamos con O´Ryan sobre esa trayectoria, su llegada a la Academia Diplomática, los desafíos que ha debido enfrentar y los aprendizajes que le dio Derecho UC para abocarse a una labor tan diversa como la que ha tenido.

Jorge O´Ryan junto al canciller Francisco Pérez Mackenna al asumir como director de la Academia Diplomática la semana pasada.

Usted ha tenido experiencia en dirección corporativa y planificación estratégica, liderando procesos de modernización en empresas y organizaciones. ¿Cómo ha sido esa experiencia para un abogado?

El derecho, bien entendido, no es solo la técnica de las normas: es una formación en pensamiento estructurado, en anticipación de riesgos y en construcción de acuerdos. Esas son exactamente las competencias que hoy se necesitan para liderar procesos de modernización institucional. Un abogado que se involucra en gobierno corporativo aporta algo que muchas veces falta en esos procesos: la capacidad de traducir la estrategia en normas, reglamentos y estructuras de gobernanza que efectivamente se sostengan en el tiempo. La modernización de una organización, más aún en estos tiempos cambiantes, no es solo una decisión de negocio, es también un rediseño de sus reglas de funcionamiento, y ahí el abogado tiene un rol natural. Lo que sí hay que aprender en el camino es a pensar en términos de negocio, de números y de cultura organizacional -es importante profundizar en estudios de posgrados sobre dichas materias u otras relacionadas-, porque el derecho da el marco, pero la ejecución exige entender la lógica interna de cada industria.

También ha participado en directorios nacionales e internacionales. ¿Qué necesita un abogado para desempeñar ese tipo de roles?

Primero, rigor técnico: entender de gobierno corporativo, de responsabilidad de directores, de cumplimiento normativo, de recursos humanos -el corazón de toda institución y empresa-, de finanzas, y dar un valor agregado con nuestra participación. Pero eso es solo la base. Lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de tener visión estratégica. No basta con saber si algo es legal u operativo, hay que entender si es sensato, si genera valor, si es sostenible en el tiempo. Se necesita también solvencia para relacionarse con perfiles muy distintos al propio: ingenieros, economistas, deportistas, diplomáticos, y saber traducir entre esos mundos. Y en el ámbito internacional específicamente, se agrega otra dimensión: comprensión intercultural, capacidad de leer contextos regulatorios distintos, y la humildad de saber que el marco jurídico chileno no es el único posible ni siempre el más adecuado para el problema que se está resolviendo. Un buen ejemplo es ser director de Desarrollo Internacional del Centro de Innovación UC Anacleto Angelini, que me ha dado la oportunidad de poner mi experiencia al servicio de la innovación, el emprendimiento, la relación con la investigación aplicada con las diferentes facultades de la Universidad y, a su vez, con las empresas. Se entrega nuevo conocimiento mediante I+D+I, formación de capital humano avanzado, transferencia tecnológica, desarrollo económico, contribuyendo a soluciones de problemas públicos y a la competitividad del país.

Usted es conocido públicamente como histórico presidente de la UC y, posteriormente, de Cruzados. ¿Cómo llega un abogado a vincularse a ese mundo deportivo?

En mi caso no fue un camino calculado, fue una historia de amor previa al derecho mismo. Antes de ser abogado, y durante mis estudios de Derecho, fui basquetbolista de la Universidad Católica, tetracampeón nacional y seleccionado chileno en múltiples ocasiones. El deporte y la Universidad -mi Alma Mater- los llevo en el corazón desde mucho antes de pisar una sala de clases de Derecho. Por eso, cuando después se dio la oportunidad de involucrarme institucionalmente, no lo sentí como un salto a un mundo ajeno, sino como una forma de seguir sirviendo a algo que ya era parte de mi identidad. Empecé presidiendo la rama de básquetbol de la Católica, luego pasé a la Comisión Deportiva del Club Deportivo UC, después al Directorio, y finalmente fui presidente a los 42 años y durante diez años. Después de 15 años regreso como director de Cruzados S.A. por la acción clase B, representando al Club Deportivo UC. Esa trayectoria me enseñó algo importante: el derecho me dio las herramientas de gestión, de gobierno corporativo y de visión institucional para liderar esos procesos, pero lo que me permitió hacerlo con legitimidad y compromiso genuino fue haber vivido el deporte desde adentro, como jugador, no solo como gestor. Mi alma mater también me marcó enormemente, porque no solo se preocupa de formar alumnos de excelencia, sino también alumnos integrales, que tratamos de servir a nuestra sociedad y al país. Un abogado puede aprender gobernanza deportiva en un libro; lo que no se aprende ahí es la sensibilidad de saber qué significa el orgullo de llevar una camiseta con la cruz azul para quien la viste.

O´Ryan durante la construcción del nuevo estadio de la UC.

Como director general de ProChile le tocó liderar la estrategia de promoción de exportaciones e inversiones del país. ¿Qué fue lo más desafiante en esa tarea para una persona que no fue formada en el área comercial?

El mayor desafío no fue tanto lo técnico del comercio exterior y potenciar la inversión extranjera para Chile, sino aportar algo distinto: mi experiencia internacional y mi trayectoria en el mundo de los negocios y el sector privado. El Presidente Piñera me encomendó esa tarea entendiendo la magnitud de lo que estaba en juego. Y el mandato era claro: modernizar ProChile, digitalizarlo, y abrir nuevas áreas de negocio que hasta entonces no existían con fuerza institucional propia: innovación, sustentabilidad, comercio digital, pueblos originarios y mujer exportadora. Se critica mucho al sector público, pero hay gente muy preparada y que sirve lealmente al país. Solo requieren de motivaciones y liderazgos claros. Lo hicimos con una lógica que quizás no es la tradicional en el mundo público: trabajar en base a objetivos, KPIs y resultados concretos, con una gestión mucho más cercana a la disciplina del sector privado que a la administración pública clásica. Esa apuesta se probó justamente en el peor escenario posible: la pandemia. Y ahí, en vez de retroceder, las exportaciones chilenas aumentaron, porque ya estábamos absolutamente digitalizados y podíamos operar sin depender de la presencialidad. Para un abogado, ese proceso fue una lección de que la formación jurídica ayuda a diseñar la arquitectura institucional del cambio, pero ejecutarlo exige la mentalidad de resultados que uno trae del mundo privado.

¿Cómo llegó al mundo diplomático?

Mi vocación de servicio nace mucho antes del derecho o la diplomacia. Soy de Puerto Montt, me crie con mis abuelos maternos, y mi abuelo fue médico, un médico al que le decían “el médico de los pobres”, porque dedicaba su vida a ayudar a gente de escasos recursos (el actual Hospital Regional de esa ciudad lleva su nombre). Ahí nació en mí esa vocación de servicio. No tenía el talento para la medicina, pero sí tenía una pregunta que me acompañaba desde joven: cómo podía yo servir a mi país. Y ya en esa época visualizaba que la globalización iba a ser un fenómeno central para el futuro de Chile. Por eso estudié Derecho en la Universidad Católica -partiendo en Concepción y terminando en Santiago-, y después ingresé a la Academia Diplomática Andrés Bello, donde estuve diez años formándome en esa carrera y en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Desde ahí fui becado a Alemania para hacer un magíster en Derecho Europeo en la Universidad del Sarre, y posteriormente pasé a la Embajada y al Consulado de Chile en Bonn, en esa época capital de la República Federal de Alemania, recién caído el Muro de Berlín.

Usted fue embajador en Alemania, cónsul en Bonn y también desempeñó un rol como asesor del embajador James Holger en la Unión Soviética, en el marco del caso Honecker. ¿Qué nos puede contar sobre esa experiencia?

Ahí terminó de consolidarse mi vocación diplomática… Fue una de las experiencias profesionales más intensas y recordadas de mi carrera. Corría el año 1991: había caído el Muro de Berlín, la Unión Soviética se desmoronaba y Yeltsin sucedía a Gorbachov. En esos momentos, Erich Honecker, el exlíder de la República Democrática Alemana (RDA), y su señora Margot, vivían refugiados en Moscú, y Yeltsin, presionado por Alemania, le dio apenas un par de días para abandonar la ciudad. Honecker acudió entonces a la Embajada de Chile, donde el embajador era Clodomiro Almeyda, quien había sido canciller en el gobierno de Salvador Allende y había estado exiliado justamente en la RDA, donde se conocieron. Así, a fines de diciembre de 1991, Honecker ingresó a la residencia del embajador chileno, y ahí permaneció casi seis meses. Para conducir un caso de esa complejidad diplomática, el Presidente Aylwin designó a don James Holger Blair -en ese momento embajador ante Naciones Unidas y uno de los grandes diplomáticos chilenos- para hacerse cargo de la negociación con Honecker, con los rusos y con los alemanes respecto de su salida. Holger me pidió que lo acompañara, porque yo estaba destinado en la Embajada en Alemania, precisamente llevando los temas jurídicos, era cónsul y hablaba alemán. Así fue como pasé cuatro meses en Moscú como su asistente personal: convivíamos en la residencia, compartíamos el día a día con Honecker, y participé en las negociaciones con los rusos, además de un par de rondas de negociación con los alemanes. Fue una experiencia profesional enorme, de esas que marcan una carrera y que me enseñaron mucho sobre negociación, diplomacia de alto nivel y el peso de la historia sobre las decisiones concretas. Es una historia que algún día espero contar con más detalle en un libro.

Caso Honecker: Jorge O´Ryan, en segunda fila, saliendo de la Embajada de Chile en Moscú camino al aeropuerto para que Erich Honecker (en primer fila, con el brazo levantado) regresara a Alemania.

¿Con qué desafío llega ahora a liderar la Academia Diplomática?

La idea es modernizar la Academia y preparar a los profesionales de acuerdo con los tiempos actuales, donde la geopolítica y los factores tecnológicos están produciendo grandes cambios a una velocidad impresionante, y para lo cual debemos estar preparados, más aún, porque Chile es un país abierto al mundo. Trabajaremos, asimismo, para que la Academia Diplomática sea una plataforma que proyecte la política exterior de Chile, a través de investigación sobre temas afines, charlas, conferencias, y que sea un verdadero centro de pensamiento internacional.

¿Qué les diría a los estudiantes de Derecho UC que quisieran explorar un camino profesional como el suyo?

Que no vean el derecho como un techo, sino como una plataforma. La formación jurídica les va a dar herramientas de pensamiento que sirven en espacios que hoy quizás ni imaginan: el deporte, la diplomacia, el comercio internacional, la innovación. Mi consejo es que no se encierren tempranamente en una sola especialidad ni en una sola idea de lo que “debe” hacer un abogado. Que se atrevan a decir que sí cuando se les abra una puerta inesperada, aunque no calce con el plan original. Muchas veces esas puertas terminan siendo las que definen una carrera. Y que nunca dejen de lado el rigor y la ética que da la formación jurídica, porque esa es la base que permite moverse con solidez en cualquier ámbito, por más ajeno que parezca al derecho. Finalmente, no olvidemos que al estudiar en la UC -y más allá de las creencias religiosas-, es una Universidad Pontificia marcada por el liderazgo cristiano, y, por lo tanto, es un liderazgo de servicio a la sociedad y a Chile. Nuestro lema es POR LA PATRIA, DIOS Y LA UNIVERSIDAD.